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La vicepresidenta elige homenajear a veteranos en Chivilcoy y se distancia de Milei.

Victoria Villarruel decidió no asistir a los actos centrales en Tierra del Fuego por el 44° aniversario de la Guerra de Malvinas. En cambio, optó por homenajear a los veteranos en Chivilcoy, un movimiento que no solo resalta su postura política, sino que también marca una clara distancia del presidente Javier Milei y del oficialismo. En su discurso, enfatizó que “Malvinas no es una excusa para que se diriman internas de un partido político”, dejando entrever su descontento con el uso político de la causa nacional.
La elección de Villarruel de estar en Chivilcoy, donde el intendente Britos lideró el acto, es un claro mensaje a sus aliados y rivales. A diferencia de otros años, donde la vicepresidenta era parte del evento en Tierra del Fuego, su ausencia en esta ocasión expone la fractura dentro de la coalición gobernante. El acto en Chivilcoy reunió a un público que no se dejó llevar por las divisiones partidarias, un contraste con la política que ha dominado la conmemoración en otros lugares.
En su intervención, Villarruel defendió a los veteranos de Malvinas, quienes, según ella, han sido invisibilizados tras la guerra. “Fueron hombres, fueron argentinos que defendieron lo nuestro”, afirmó, criticando la “campaña desmalvinizadora” que, a su juicio, ha minimizado su sacrificio. Esta declaración no solo busca reivindicar a los veteranos, sino que también cuestiona la narrativa oficial que ha predominado en años recientes, marcando un punto de confrontación con aquellos que han intentado capitalizar políticamente la causa.
La relación entre Villarruel y Milei se ha vuelto tensa, y su distancia se hace evidente no solo por la ausencia en los actos oficiales, sino también por la creciente falta de comunicación entre ambos. La vicepresidenta ha sido objeto de críticas dentro de su propio espacio político, y su decisión de homenajear a los veteranos en un contexto alejado del poder central parece ser un intento de reconectar con la base que la apoya. Sin embargo, esto la posiciona en un lugar incómodo dentro de un oficialismo que ya no la considera parte de su estrategia.
La situación plantea una pregunta crucial: ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar Villarruel para marcar su propio camino político? Su homenaje en Chivilcoy puede ser visto como un acto de resistencia, pero también como un riesgo que podría costarle su lugar en el poder. La causa de Malvinas trasciende la política, pero en manos de Villarruel, se convierte en un campo de batalla donde las lealtades son puestas a prueba. La tensión está servida y el futuro de su carrera política pende de un hilo.