Frigorífico General Pico se hunde en deudas

La firma de los Lowenstein va a concurso por $34.000 millones.

Frigorífico General Pico se hunde en deudas

El frigorífico General Pico, emblema de la familia Lowenstein y conocido por su vinculación con la marca de hamburguesas Paty, se enfrenta a un futuro incierto tras anunciar su decisión de iniciar un concurso preventivo. Con una deuda que supera los $34.000 millones, la empresa ha señalado a un grupo financiero, que también es accionista, como el principal responsable de su caída. La situación se agrava en un contexto donde la paralización de la producción y las suspensiones masivas son el pan de cada día.

En un comunicado contundente, los directivos Ernesto ‘Tito’ y Alan Lowenstein afirmaron que las negociaciones para evitar la instancia judicial fracasaron debido a la negativa del grupo financiero a considerar propuestas que podrían haber salvado la empresa. Este actor clave, que tenía acceso a información crucial y un rol activo en la toma de decisiones, ha obstaculizado cualquier intento de solución, priorizando su interés financiero por encima del futuro de la compañía y de sus empleados.

Las alternativas que se presentaron, que incluían un leasing a ocho años por cerca de US$40 millones y ofertas de pago inmediato, fueron desestimadas sin razón aparente. Esta falta de respuesta ha dejado a la empresa sin margen de maniobra, obligándola a recurrir a un concurso preventivo para reestructurar sus finanzas. La empresa ha expresado su intención de continuar buscando soluciones, pero el tiempo corre y la situación es crítica: acumula 1186 cheques rechazados, lo que refleja la imposibilidad de hacer frente a sus obligaciones.

La historia de General Pico es un reflejo de la crisis que atraviesa la industria frigorífica en Argentina. La combinación de problemas internos y condiciones del mercado ha llevado a la firma a un punto de no retorno. Mientras tanto, los trabajadores se enfrentan a un futuro incierto, con la amenaza inminente de despidos y un impacto social que se siente en la región. La continuidad del proyecto familiar está en juego, pero la falta de respuestas claras y efectivas por parte de los responsables deja en evidencia una profunda crisis de gestión y de confianza.

La decisión de ir a concurso no solo es un golpe para la familia Lowenstein, sino también un llamado de atención sobre las prácticas de ciertos grupos financieros que, en lugar de colaborar, han optado por ahogar a una empresa con décadas de historia. La situación es alarmante y plantea una pregunta crucial: ¿quién se beneficiará realmente de esta crisis? La respuesta podría dejar más que un simple rastro de deudas y angustia laboral.

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