Bartolucci: el rey del agro en Catamarca

Un empresario construyó su imperio agrícola en el norte.

Bartolucci: el rey del agro en Catamarca

Daniel Bartolucci, un empresario agropecuario de 72 años, maneja un imperio de 30.000 hectáreas en Catamarca y Santiago del Estero. Su empresa, Agropecuaria Mistol Ancho, se especializa en la producción de semillas de soja, maíz y trigo. A pesar de comenzar sin recursos significativos, logró posicionarse como un jugador clave en el sector agroindustrial. Bartolucci ha sabido capitalizar su experiencia en el extranjero y aplicarla a un modelo que combina agricultura y ganadería, impulsando el uso de tecnología avanzada, como sistemas de riego alimentados por paneles solares.

La magnitud de su operación es alarmante. Siembra 20.000 hectáreas y gestiona 10.000 más para ganadería, incluyendo un feedlot que puede engordar hasta 15.000 cabezas de ganado. La producción agrícola no solo abastece el mercado local, sino que también se exporta a países como Bolivia y Uruguay. Esta dinámica no solo refleja su éxito empresarial, sino que también plantea preguntas sobre el impacto ambiental y social de sus prácticas en una región donde la escasez de agua es un problema crítico.

Bartolucci no llegó a este lugar por casualidad; su historia es una combinación de trabajo duro y oportunidades. Tras su regreso a Argentina, compró campos en condiciones desfavorables, apostando por un modelo de riego que en su momento era prácticamente desconocido. Hoy, su empresa se destaca por la calidad de sus semillas y su capacidad de producción. Sin embargo, la concentración de tierras y la falta de regulación en el sector agropecuario despiertan inquietudes sobre la equidad en el acceso a recursos y el futuro de los pequeños productores en la región.

A medida que Bartolucci continúa expandiendo su imperio, el costo social de su éxito es innegable. La dependencia de la agricultura intensiva y la ganadería en una zona vulnerable como Catamarca plantea serias interrogantes sobre la sostenibilidad de su modelo. Mientras su empresa se beneficia de incentivos y condiciones favorables, muchos agricultores locales luchan por sobrevivir en un entorno cada vez más competitivo y desigual. La pregunta que surge es: ¿quién paga el precio del crecimiento desmedido de Bartolucci y su Agropecuaria Mistol Ancho?

El camino de Bartolucci es un reflejo de las contradicciones del agro argentino. Con un modelo que se presenta como innovador y sustentable, es fundamental cuestionar quiénes son los verdaderos beneficiarios de este crecimiento. La historia de Bartolucci no es solo la de un empresario exitoso, sino también la de un sistema que, en su búsqueda de rentabilidad, puede estar dejando atrás a quienes no tienen el mismo acceso a oportunidades. El futuro del agro en Argentina depende de la capacidad de equilibrar los intereses empresariales con la justicia social.

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