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Las retenciones y la inacción gubernamental arruinan el cultivo

La superficie sembrada de soja en Argentina ha caído drásticamente en la última década, perdiendo tres millones de hectáreas. Este retroceso, que posiciona al país como uno de los más perjudicados en el sector, se debe en gran parte a la política de retenciones impuesta por los gobiernos sucesivos. Mientras Argentina se hunde, Brasil avanza a pasos agigantados, aumentando su superficie de siembra en un 48%. La pregunta es: ¿quién se hace responsable de esta catástrofe?
Desde 2015, la producción de soja ha oscilado entre campañas récord de casi 60 millones de toneladas y caídas severas por sequías, dejando a la Argentina con la producción más baja de la última década. En contraste, Brasil ha duplicado su producción, alcanzando cifras que parecen inalcanzables para nuestro país. La inacción del gobierno argentino y el peso de las retenciones han llevado a la pérdida de competitividad del cultivo más rentable del país. Las políticas actuales no solo son ineficaces, son destructivas.
Los datos son contundentes: mientras Argentina apenas mantiene sus exportaciones de harina de soja, Brasil ha aumentado sus cifras en un 85%. La diferencia en las retenciones es clara. Argentina aplica un 24% sobre el poroto de soja, mientras que Brasil se beneficia de un entorno mucho más favorable. La situación no solo afecta a los productores, sino que pone en riesgo la economía nacional. La falta de un plan claro y efectivo para el sector agroindustrial es un claro indicativo de la falta de liderazgo.
La política de retenciones ha expulsado del sistema productivo millones de hectáreas, dejando a los agricultores en una situación insostenible. La comparación con otros cultivos es alarmante: el girasol y el trigo han visto incrementos en su producción gracias a políticas más favorables. Esto demuestra que el problema no es la falta de capacidad productiva, sino la ineficiencia en la gestión gubernamental. La soja, el pilar de la economía argentina, se encuentra en una encrucijada crítica.
La conclusión es clara: el actual nivel de retenciones no solo es perjudicial, es suicida. Sin un cambio radical en la política agrícola, la soja seguirá siendo un recuerdo de lo que fue. Las decisiones deben ser inmediatas y efectivas, de lo contrario, el costo social y económico será insostenible. La soja se desmorona y con ella, el futuro de millones.