Libertarios en crisis: Santillán desata el caos interno

El error de Santillán expone la falta de control en el bloque libertario.

Libertarios en crisis: Santillán desata el caos interno

El bloque libertario enfrenta un descontrol que amenaza su cohesión. La diputada Juliana Santillán se convirtió en el foco de la ira interna tras publicar una foto en redes sociales donde mencionaba a Checoslovaquia, un país inexistente desde 1993. Este error garrafal no solo provocó burlas en las redes, sino que también encendió la alarma dentro del oficialismo, que ahora intenta contener los daños y evitar nuevos desbordes.

Durante la reunión del bloque, la consigna fue clara: no repetir errores que perjudiquen al gobierno de Javier Milei. Las críticas hacia Santillán resonaron entre sus pares: “Tuitea desde cocktails pero no aparece por la Cámara”, se escuchó entre murmullos. La diputada, lejos de reconocer su falta, intentó desvincularse del asunto, culpando a su community manager. Esta actitud solo profundiza la percepción de falta de seriedad en un espacio que se presenta como disruptivo.

La situación es crítica. Los libertarios deben lidiar con la presión de mantener una imagen unificada mientras enfrentan la tentación de iniciativas individuales. El compromiso de algunos diputados de promover la derogación de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo ha generado roces internos, reflejando la falta de coordinación y estrategia. La advertencia fue clara: no se presenta nada sin consultar. Pero, ¿quién controla a quién en este caos?

El episodio de Santillán es un síntoma de un problema más profundo dentro del bloque. Las tensiones están a la vista, y la falta de disciplina puede costar cara a un oficialismo que necesita mostrar una imagen de fortaleza y unidad. Las advertencias sobre no “cortarse solos” se vuelven más urgentes a medida que surgen otras propuestas controvertidas, como la de cambiar el nombre del feriado del 24 de marzo, que solo aumentan el ruido interno.

El futuro del bloque libertario pende de un hilo. Si no logran establecer un control interno, corren el riesgo de convertirse en un grupo fragmentado, incapaz de sostener una agenda coherente. La pregunta es si el liderazgo de Gabriel Bornoroni podrá imponer la disciplina necesaria o si la falta de control seguirá alimentando el caos. La imagen de un oficialismo desarticulado está en juego, y el tiempo corre en su contra.

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