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La venta ilegal de datos personales se expande sin control.

La venta ilegal de datos personales en Argentina ha alcanzado niveles alarmantes. Una investigación de la ONG Derechos Digitales reveló que 27 canales activos en Telegram están dedicados a la compra y venta de información sensible. Este fenómeno no solo afecta la privacidad de los ciudadanos, sino que también pone en riesgo su seguridad. La falta de regulación y la inacción del Estado permiten que estos mercados prosperen sin ningún tipo de control.
Los datos vendidos incluyen información crítica como DNI, CUIL y hasta detalles financieros. En algunos casos, los vendedores ofrecen ‘planes de suscripción’ que permiten el acceso temporal a estos datos, lo que facilita aún más su uso para actividades delictivas. La investigación destaca que en Argentina, a diferencia de otros países de la región, la interacción es más personalizada. Los compradores contactan directamente a los vendedores, lo que complica la trazabilidad y el seguimiento de estas operaciones ilegales.
La ONG también advirtió que estos datos pueden provenir de filtraciones de bases estatales, lo que pone en evidencia la fragilidad de la seguridad de la información pública. La posibilidad de que datos sensibles, incluso imágenes de menores, terminen en manos equivocadas es un riesgo que no se puede ignorar. Agustina Ordoñez, politóloga y experta en gobernanza digital, subraya que el problema va más allá de la protección de datos: hay una clara falla sistémica en la manera en que el Estado gestiona la seguridad de la información.
A pesar de las advertencias, el gobierno argentino no ha implementado una legislación efectiva que aborde esta crisis. La ausencia de una ley actualizada sobre protección de datos y la falta de acción contundente para frenar estas prácticas ilegales dejan a los ciudadanos vulnerables. La pregunta que queda en el aire es: ¿qué está haciendo el Estado para proteger a sus ciudadanos de esta amenaza creciente?
El tráfico de datos personales no es un problema menor. La falta de acción por parte de las autoridades solo aumenta la impunidad y el riesgo para la población. En un contexto donde la información se convierte en un bien preciado, la desidia estatal se traduce en una vulnerabilidad inaceptable.