Bazla renuncia: un gobierno de reparto

El secretario de Ética deja su cargo tras ser imputado por corrupción.

Bazla renuncia: un gobierno de reparto

Ricardo Bazla, secretario de Estado de Ética, renunció a su cargo tras ser imputado por ocho delitos graves de corrupción. En su carta de renuncia, cometió el desliz de referirse a su gestión como parte de un ‘gobierno de colación’. Este término no es casual: revela la esencia de un gobierno que, en lugar de gestionar, se dedica a repartir bienes y recursos como si fueran herencias. La implicación es clara: el poder se ejerce como un botín, no como un servicio público.

La colación, en el ámbito jurídico, se refiere a la obligación de los herederos de devolver a la masa patrimonial los bienes que recibieron. Esta anomalía semántica en la renuncia de Bazla no es un error, sino una confesión de cómo se ha manejado el Estado. Mientras él, encargado de garantizar la ética pública, es investigado por corrupción, la administración del gobernador Poggi queda expuesta como un sistema en declive, donde el control se transforma en sospecha y el deber en delito.

Los delitos que pesan sobre Bazla no son menores: defraudación, peculado y falsedad ideológica. El escándalo no solo involucra a un funcionario, sino que salpica a toda una estructura de poder que ha permitido que la corrupción se instale en sus entrañas. La renuncia de Bazla, lejos de ser un acto de responsabilidad, es una forma de intentar limpiar la imagen del gobierno provincial, que ahora enfrenta un escándalo de proporciones que podría llevar a otros a la justicia.

La falta de acción del gobierno de Poggi ante estas acusaciones plantea serias dudas sobre su compromiso real con la ética y la transparencia. Mientras Bazla intenta disfrazar su salida como un gesto noble, la realidad es que su renuncia es un intento de deshacerse de la presión judicial. Este episodio deja en evidencia no solo la fragilidad de la ética en la administración pública, sino también la complicidad de un gobierno que prefiere silenciar el escándalo antes que confrontarlo.

La renuncia de Bazla marca el final de un capítulo, pero abre un nuevo frente de interrogantes: ¿qué otros funcionarios están implicados? ¿Hasta dónde llega la corrupción en la administración de Poggi? No se trata de un simple error de redacción; estamos ante un sistema en crisis, donde la ética se ha convertido en un concepto vacío y el poder, en un negocio privado.

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