Circo y Colectivos: La Vergüenza de San Luis

El juicio a Cintia Ramírez expone la torpeza del gobierno provincial.

Circo y Colectivos: La Vergüenza de San Luis

El juicio a Cintia Ramírez se convirtió en un espectáculo lamentable donde la política puntana mostró su peor cara. La estrategia del gobierno, que incluyó millones en publicidad y colectivos alquilados, no solo fracasó, sino que dejó en evidencia la desconexión del oficialismo con la realidad de la provincia. Mientras los ciudadanos enfrentan problemas reales, los líderes de San Luis se preocupan por montar un circo que ni siquiera logró captar la atención del público.

El despliegue de colectivos con mensajes confusos y un periodista convertido en movilero provocador es una muestra de la desesperación del poggismo. Gastar dos millones en una operación que no hizo más que generar risas y vergüenza es un claro indicativo de la falta de ideas y de rumbo. La imagen de un exgobernador acercándose a un colectivo de juguete se convirtió en un símbolo de la irrealidad que rodea a quienes deberían representar a la ciudadanía.

La situación se volvió aún más ridícula cuando el fiscal suplente, Rafael Berruezo, decidió hacer acto de presencia solo para defender una narrativa que no se sostenía. Su intervención en el juicio fue tan desastrosa que se ganó el apodo de ‘Burruezo’ entre los miembros del Poder Judicial. En lugar de fortalecer la causa, su actuación dejó al descubierto la fragilidad de un relato que se tambalea ante la evidencia y que intenta desviar la atención de otros problemas más graves que acechan al gobierno.

Marina Rizzotto, la martillera que llegó a tasar un colectivo de larga distancia, también se convirtió en el blanco de las críticas. Su intento de explicar un valor de mercado a través de fórmulas contables absurdas dejó claro que la política puntana ha perdido el rumbo. El valor del colectivo, más parecido a un ejercicio de facultad que a una realidad económica, refleja la desconexión del oficialismo con la vida cotidiana de los ciudadanos, quienes deben enfrentar un sistema que parece burlarse de ellos.

En resumen, la semana del juicio a Cintia Ramírez no solo expuso la torpeza del gobierno provincial, sino que dejó al descubierto la urgencia de un oficialismo que se aferra a operaciones mediáticas vacías mientras la realidad se desmorona. La falta de respuestas y el costo político de esta farsa están a la vista, y la sociedad no olvidará fácilmente este circo que se montó a expensas de sus problemas.

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